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10 razones por la que las videollamadas pueden ser buenas para el trabajo, pero, no tanto para los negocios

21 diciembre, 2020 10 min

El ruido de fondo. Los silencios incómodos. La preocupación constante de si tú y tu entorno estáis presentables. Interactuar a través de una videollamada es una experiencia ciertamente distinta a interactuar cara a cara. Si bien Zoom y otras herramientas de videollamadas han demostrado ser un salvavidas en 2020, echamos de menos más momentos cara a cara en los que podamos relacionarnos y hacer negocios de manera más natural.

Como afirma Andrew Crawley, director comercial de American Express Global Business Travel, en una entrevista con Globetrender, “las videoconferencias han resultado ser muy útiles, sin embargo, todos hemos estado trabajando por debajo de nuestras posibilidades. Muchos de nuestros clientes han expresado que este tipo de tecnología les ha ayudado a “salir del paso”, pero las empresas y organizaciones serias no quieren simplemente “arreglárselas”“.

No somos los únicos que lo ven así. Muchos estudios y expertos lo validan: que las videollamadas pueden ser buenas para el trabajo, pero, en última instancia, malas para los negocios… y nuestro bienestar. Aquí tienes diez razones:

  1. Nos estamos perdiendo una gran cantidad de comunicación no verbal en la que confiamos para tener interacciones positivas

Tener una conversación es mucho más que las palabras que decimos: diversos estudios muestran que hasta el 93% de la comunicación es no verbal. A nivel inconsciente, los gestos, el tono de voz, las expresiones faciales y el lenguaje corporal nos ayudan a interpretar lo que está sucediendo.

En una reunión de grupo, “no solo seguimos las señales del orador, sino que a menudo son las miradas de reojo, los ojos en blanco y los encogimientos de hombros de nuestros compañeros y otros participantes los que ofrecen matices en una reunión”, según cuenta Steve Blank, empresario de Silicon Valley, en un artículo para Medium.

Muchas señales sutiles se pierden en las videollamadas debido a la naturaleza de la tecnología.

“Las aplicaciones de videoconferencia solo ofrecen una mirada fija desde una cámara. Todo el mundo queda relegado a un cuadrado unidimensional en la pantalla”, afirma Blank.

  1. Es imposible tener contacto visual directo, lo que también puede dificultar las interacciones

Según este artículo de Business Insider, el contacto visual es una de las formas más efectivas de hacer que las personas se sientan reconocidas, comprendidas y validadas. El contacto visual, profundamente arraigado en nuestro ADN, nos permite saber que los oyentes nos prestan atención, puede influir en las opiniones de los demás y ayudar a las personas a recordar lo que se dice, lo cual es crucial para generar confianza y empatía cuando se hacen negocios.

Sin embargo, tal y como los candidatos al doctorado de Western University, Anna y Wuyou Sui, señalan en un artículo publicado por The Conversation, es imposible lograr el contacto visual directo a través de la tecnología actual. Para ofrecerlo, el ponente debe mirar directamente a su cámara, y para recibirlo, los asistentes deben mirar a los ojos del ponente en la pantalla. En muchas ocasiones, las personas a las que se está hablando ni siquiera son visibles porque tienen desactivadas sus cámaras, por lo que no se sabe con certeza si están mirando o escuchando lo que se dice.

  1. Nos hacen más cohibidos, lo que puede afectar nuestra confianza en las reuniones.

Puede ser desconcertante para nosotros ver nuestras propias caras mientras mantenemos una conversación. Puede haber un sentido constante de juicio interno sobre cómo nos vemos.

Como explica el ciberpsicólogo Andrew Franklin a Insider, esto puede deberse a un fenómeno que ocurre por primera vez en la adolescencia llamado “audiencia imaginaria” y consiste en la creencia en que las personas que los rodean están prestando atención a cada movimiento que hacen. “Ese fenómeno de audiencia imaginaria no necesariamente desaparece [en la edad adulta]”, dijo. “Las personas se cohíben y piensan que los ojos están sobre ellas cuando, en realidad, no están siendo escudriñadas ni criticadas en la medida en que creen que lo están”.

Sin embargo, parece que muchos están más preocupados por su apariencia que por el negocio en cuestión durante las videollamadas. Los cirujanos plásticos de todo el mundo informan de  un aumento de intervenciones a personas preocupadas por cómo se ven en la pantalla. Un tipo de cirugía de los más reclamados, incluso se ha denominado “estiramiento de cuello con zoom“.

  1. No se puede captar la dinámica de la vida en la oficina

Como explican Elizabeth Sander y Oliver Bauman, profesores asistentes de la Universidad de Bond en Queensland, Australia, en un artículo de The Conversation, las reuniones en persona son “rituales” imprescindibles que pueden ofrecer estímulo, hacernos sentir cómodos y ayudarnos a establecer relaciones.

Como indican, cuando vamos a la oficina, podemos ponernos al día de camino a una reunión o repasar los puntos a tratar antes de entrar. También podemos sentarnos con alguien cuando necesitamos trabajar alineados en un proyecto o compartir una idea con un compañero. Aunque puede haber una pequeña charla al principio de una videollamada, a menudo solo hay silencio mientras los empleados esperan que se unan los rezagados.

  1. Pueden hacer que las conversaciones sean incómodas.

Con los encuentros cara a cara, se puede tener una conversación perfectamente comprensible en la que varias personas se interrumpen e interaccionan entre sí, gracias al lenguaje corporal y otras señales sociales.

Como explica Laura Dudley, analista de comportamiento de la Northeastern University: “Durante las conversaciones en persona, los gestos, como una inhalación brusca, inclinarse hacia adelante o hacer contacto visual con alguien, nos indican que está intentando intervenir en la conversación.”

Sin embargo, en una videollamada, esas señales se pierden, lo que lleva a una conversación inconexa o a personas que optan por directamente no hablar.

También puede haber momentos incómodos de silencio, que pueden hacer que las personas se sientan incómodas y moldear negativamente nuestra visión de los demás. Un estudio realizado por académicos alemanes muestra que una pausa de solo 1,2 segundos al teléfono o en herramientas de videollamada hace que las personas perciban al otro conversador como menos amigable o concentrado.

Y la realidad muestra que lo más probable es que los participantes realmente estén menos concentrados. Las videollamadas pueden generar distracciones. Los pequeños detalles como revisar el escritorio, las conexiones lentas, el ruido de fondo o su propio entorno pueden distraer la atención de las personas.

  1. Las conversaciones difíciles se hacen más difíciles

¿Recuerda a principios de este año cuando algunas empresas llevaron a cabo despidos masivos por Zoom y deshabilitaron el audio de los empleados despedidos? Desafortunadamente, se han visto más despidos como estos de 2020.

Las videollamadas no son la herramienta adecuada para dar malas noticias, ya que es todo un reto transmitir empatía en un formato digital.

“Se les dice a los empleados que se conecten a Zoom en un momento determinado. Deben estar en silencio. No pueden hacer preguntas. No pueden procesarlo. Es una situación muy deshumanizadora”, afirma la psicóloga Elizabeth Lombardo. “Es difícil ser despedido de cualquier forma, pero de esta manera, causa mucha más angustia”.

  1. Hacen que sea más difícil firmar acuerdos

Según un informe de Globetrender, el 60% de los viajeros de negocios afirman que la mayoría de los acuerdos y decisiones no pueden cerrarse de forma virtual. Además, Ovum ha descubierto que el 30% de los profesionales de ventas creen que sus herramientas de conferencias web dificultan su trabajo.

Eric Goldmann, que viaja con frecuencia para desempeñar su función como ejecutivo de ventas de tecnología de la salud, cuenta al Wall Street Journal que, desde que cierra reuniones virtuales, tiene más cancelaciones que cuando viajaba para ver a sus clientes. En Zoom también le resulta más difícil detectar lo que él llama los “anti-patrocinadores” que podrían descarrilar un acuerdo.

La entrega del mensaje también es más complicada a nivel digital. Como dice Chris Pash de AdNews, no se puede, como se haría en persona, entrar a la reunión, leer y ajustar el contenido y el estilo para que coincidan con el lenguaje corporal y las expresiones del cliente potencial. Tampoco puedes hacer pausas, proyectar tu voz, señalar, sonreír o fruncir el ceño: todas las estrategias que usan los vendedores para transmitir empatía y crear una conexión.

  1. Ejercen presión sobre nuestro bienestar físico y mental

La fatiga de Zoom es algo real, ya que tenemos que trabajar más para procesar las señales no verbales, es normal sentirse agotado después de un día maratoniano de videollamadas.

“Nuestras mentes se acaban desconectando, y esa disonancia hace que las personas tengan sentimientos encontrados, y es una situación agotadora”, afirma Gianpiero Petriglieri, profesor asociado de INSEAD especializado en el desarrollo en el lugar de trabajo.

También puede resultar agotador ver a las personas en esa vista de galería estilo “Brady Bunch”, que puede ser incómodo para la visión central del cerebro.

Las videollamadas ininterrumpidas también pueden causar fatiga visual y dolores de cabeza.

  1. Destacan las desigualdades sociales

Como se expone en The Guardian, las desigualdades sociales se enmarcan en la pantalla cuando entramos a un vínculo directo con los hogares de las personas. Los gráficos de fondo en Zoom son una solución. Pero como señala Sara Chandran, consultora de diversidad e inclusión, los empleados pueden “ser conscientes del estado del espacio en el que viven, especialmente si alquilan casas compartidas y buscan una zona en la que trabajar tranquilamente, es algo que pueden no querer compartir con sus jefes “.

También se presenta la cuestión de cómo, a través de una videollamada, se puede dar más voz a los oradores con un tono de voz más elevado.

“Las personas que hablan más fuerte a menudo pueden tener más protagonismo en las videollamadas ya que tienden a ignorar a los demás, por lo que es mucho más difícil participar de la reunión”, dice Chandran.

  1. Pueden percibirse como una pérdida de tiempo

Los líderes deben evaluar cuánto valor obtienen de cada videollamada, ya que los empleados pueden sentir que no son productivos.

Según un estudio de 2020 realizado por Wundamail, el 42% de las personas que realizan llamadas de video con frecuencia no aportan nada y el 56% preferiría dedicar menos tiempo a las videollamadas. Y, sin embargo, el 73% de los encuestados considera las videollamadas como “trabajo realizado” cuando, en realidad, ¿cuánto trabajo se completa o produce durante una sesión virtual?

Según un informe de Ovum, el 68% de los empleados afirma que más de la mitad de las reuniones virtuales a las que asisten no aportan valor. El mismo informe indica que el 95% de las reuniones online comienzan tarde y estima que las reuniones retrasadas cuestan a los ejecutivos alrededor de tres horas a la semana en tiempo perdido y productividad, o el equivalente a cinco días y 19 horas por año.

Entonces, ¿por qué estamos perdiendo todo este tiempo cuando podríamos tener otra semana de vacaciones pagadas?